En abril de 1914 un grupo de estudiantes de la Escuela Normal de Profesores de la Ciudad de México decidió viajar al noroeste del país y unirse a los constitucionalistas comandados por Venustiano Carranza. La travesía implicaba serios peligros, pues de un momento a otro las fuerzas federales de Victoriano Huerta podían detenerlos y acusarlos de sedición. Con una prosa ágil, José Juan Ortega nos brinda un testimonio de un pasaje poco conocido y atendido: la activa participación estudiantil en el movimiento revolucionario.